El desafío
El sector inmobiliario no tenía un problema. Tenía cinco, y todos convivían al mismo tiempo.
El más evidente era el tiempo. Cada tasación exigía que un agente entrara a los distintos portales uno por uno, descargara la información disponible, la volcara a un Excel y construyera a mano el análisis comparativo de mercado. Cuatro o cinco horas de trabajo administrativo para producir un número que el mercado podría desmentir al día siguiente.
El segundo problema era la fragmentación de herramientas: una inmobiliaria mediana pagaba por separado su CRM, su módulo de análisis comparativo, sus suscripciones a ChatGPT o Gemini y su presencia en cada portal. Cuatro o cinco contratos que no se hablaban entre sí. El tercero era la gestión de leads: la consulta que entraba a las nueve de la noche por Instagram quedaba sin respuesta hasta el lunes, cuando el cliente ya había escrito a cuatro inmobiliarias más.
El cuarto era el matching: cuando una inmobiliaria tenía un cliente buscando algo fuera de su cartera, la solución era tirar el pedido en un grupo de WhatsApp y esperar. El quinto era la toma de decisiones de inversión, que se respondía con experiencia y percepción, no con datos. Ninguno de estos cinco problemas tenía solución en una sola herramienta. Hasta que InmoRadar decidió construirla.